Decía mi abuela: «De los cuarenta para arriba, no te mojes la barriga». Yo, jovenzuelo de aquellas, me lo tomaba a coña marinera. ¡Qué pena que no estuviera aquí para decirle cuánta razón llevaba! Porque cuando uno pasa de los ocho lustros empieza a notar ciertos cambios en su estructura corporal que no le hacen […]

